He estado varios días inactivo pero tenía escusa. Ayer nació mi segunda hija. Todo fue según el guión establecido para las dos. Es una monada mi hija lo cual es un puro epíteto.
La matrona que atendió el parto era búlgara. Curioso personaje. Se veía en cada movimiento, en cada comentario en un español mejorable, en cada acto, que aquel era su parto un millón. Transmitía confianza y eso que mi mujer la recibió a puertagallola, rompiendo aguas tipo jeiser salpicando a tutiplén. Digo esto para constatar como ha cambiado este país. Los partos los atiende personal búlgaro y lo hacen bien.
Tras el análisis sociológico y el nacimiento nos subieron a la habitación 119 del hospital. Allí tres camas vacías tardarón poco en llenarse. Aparecieron en escena una marroquí que no hablaba una palabra de español y a la que su "marido" abroncaba cada diez minutos y una gitana cuyo maromo se quejaba de todo. Nada le gustaba. La cama, la comida, el médico, mi suegra (lógico). Yo me preguntaba, absorto contemplando a mi hija (que es muy mona) que habría hecho yo para merecer semejantes compañeros de viaje hospitalario y convencido de lo bueno que sería presentar a estos personajes factura de cargo de lo que costaría el parto de su parienta y condicionar una de abono por igual importe a no comportarse como un capullo. Todos viviríamos estancias hospitalarias menos traumáticas.
Bueno. Me llama mi suegra. Alguna tareica me va a asignar.
¡Enhorabuena!, me alegro de que todo haya ido bien.
ResponderEliminarFelicidades.
ResponderEliminar